Mezcal: cómo elegir uno sin saber nada
Hay una idea que nos gusta desarmar en la barra: que para tomar mezcal hay que saber mucho. No es cierto. Lo único que necesitas es curiosidad y unas cuantas preguntas. El resto lo pone la copa.
1. Pregunta por el agave, no por la marca
Espadín, tobalá, tepeztate, madrecuixe… cada agave da un mezcal con personalidad distinta. El espadín es el más común y un gran punto de partida: equilibrado, amable, sin sorpresas bruscas. Los silvestres como el tobalá son más caros porque tardan décadas en madurar, y se nota: son más florales, más complejos.
2. Huele antes de tomar
Acerca la copa sin meter la nariz hasta el fondo. Busca el humo, sí, pero también lo que hay debajo: fruta, hierba, mineral, a veces hasta plátano o cuero. El mezcal se huele en capas. Tomar sin oler es como ver una película sin sonido.
El mezcal no se shotea. Se besa. Tragos pequeños, sin prisa, dejando que abra en la boca.
3. Dilo en voz alta: “no sé, recomiéndame”
Es la frase que más nos gusta escuchar. Dinos qué tomas normalmente —si te gusta el tequila, el whisky, el vino— y armamos el camino desde ahí. No hay vergüenza en empezar: todos los que hoy saben de mezcal alguna vez señalaron una botella al azar.
Ven, siéntate en la barra y empezamos por un espadín. De ahí, el Valle decide.